Recuerdos Digitales y Las Azaleas
De pronto, lo predecible de nuestro retorno cambió sutilmente con la ligera llovizna que como un susurro golpeaba el techo del automóvil.
Ya habíamos pasado Clinton en el estado de New Jersey y los letreros verdes comenzaban a identificar New York City con letras blancas de mayor tamaño que el resto de las poblaciones circunvecinas.
-¿Qué tan lejos estamos.- Preguntó Julio, acusando ahora si el cansancio de las 8 horas y pico de manejada. .-Si quieres reclina el asiento hacia atrás y duerme un rato.- Le indique de forma benévola. A pesar del tiempo al volante todavía la serenidad era mi constante. Por algunos momentos Julio dormitó plácidamente y me vino a la mente la actividad más importante del segundo día del congresillo espiritual del RBPPA.
Yo trataba de dormir quietamente en mi respectivo dormidero pasadas las diez de la mañana. La trasnochada del día anterior necesitaba resarcimiento. Las partidas de domino y poker sin horario ponían a estos caballos viejos muy dormitabundos.
César repartía sus horas entre el trono (como sultan de las brownies) y los ronquidos. A ratos yo veía a Julio dormir cuan largo en la habitacion de abajo muy apaciblemente y me hacía pensar.- !Como que necesitaba este viaje con urgencia!.- Las llamadas impaciente de abusivos pacientes nos hacían ver lo difícil de la vida galena.
Yo no podía conciliar el sueño aunque estaba supremamente cansado. La anterior, había sido la tercera noche consecutiva con menos de dos horas de reposo. Posteriormente de merodear por la casa y dejar a Maclyn jurungando trastos en la cocina volví a intentar un camarón matutino. Al espabilarme me encontré una excitación sin igual, ya todos estaban deambulando como buitres aguardando los últimos rellenos para echarle diente a la gama de arepas multisaboridas y coloridas adornando la mesa.

Discobolos farinaceos listos para ser digeridos
Se decoraron los platos, se tomaron fotos, y se procedió oficialmente a degustar el preparado de discóbolos farináceos que José Antonio había amenazado y llevado a cabo. Las arepas estaban todas muy buenas y yo me comí hasta las picantes. A conciencia que al día siguiente debería recubrir con extra crema el niesni y el ojete del sies.
Después de desayunar el relajamiento se apodero del grupo. Toni se fue a la terraza cerveza en mano, Abel trató de dormitar en el sofá del estudio en la parte de abajo. El lindo y Felix también se fueron a dar un camarón en las recamaras del primer piso. Su majestad Brauni reclamaba el sitial de honor, solo Macylin se daba duro en la cocina y Mauricio reciclaba fervorosamente.
Las tareas domesticas iban aleatoriamente encontrando un voluntario gentil que de buena gana y sin increpación colaboraba con el dispersión comunitaria. Nunca hubo un plato sucio, jamás hubo que pedirle a alguien que ayudara, la casa y los baños parecían estar siempre límpidos, todo parecía pre designado y acatado estoicamente bajo el más eficiente de los modelos espartanos. Lo imposible estaba sucediendo éramos autosuficientes domésticamente sin el auxilio de las cuaimas.
Pasada la mitad del día y después de varios viajes de exploración al Food Lyon, todos, sin proponérnoslo directamente, comenzamos a organizarnos para salir con las bicicletas y los carros hacia el pueblo de Boone, en camino hacia la zona de picnic que DGCQ y yo habíamos avistado la tarde anterior y determinado como el punto de inicio de ese día de jornada en la parte baja del Blue Ridge Pkwy.
El olor de las azaleas impregnaba el ambiente. La corona de pétalos blancos, repetida múltiples veces en las laderas de la doble calzada era la anfitriona mas llamativa a la legión de movimiento y color conformada por los Ta-lentos de nueve ciclistas. Estas flores características de la zona crecían desentendidas de los sufrimientos que padecerían los godditos a la sombra de los imponentes Black Maples en derredor.
Después de aparcar los automóviles y bajar las ciclas, cada uno en su propio rito individual ponía a toque los frenos, las botellas, las mochilas hidratantes, guatines, lentes polarizadores, en fin, todo aquello que sirviera para enfrentar el conjunto de subidas que nos esperaba. Yo tenía todas las ventajas para descollar, estaba en buena forma, conocía el terreno ya que lo había recorrido con el director técnico la noche anterior y estaba motivado para llegar hasta el final de las ondulaciones.
Inmediatamente se creaba una separación entre aquellos que habían entrenado previamente al paseo con vehemencia y los que solo venían a sobrellevar penurias.
Comencé a ir y venir fotografiando a todos en su propio esfuerzo sobre la carretera de cemento, mientras escalábamos la primera cuesta que nos llevaría al centro de información.
Para mi esto era la gloria, era justamente como lo había imaginado y finalmente estábamos todos recorriendo el filo de las montañas aglutinados por la fuerza de la amistad y el deseo de crear más recuerdos que pronto, indivisibles con otros anteriores serían solo pasado. Ya soñaba con los otros días que venían en la semana y hasta pensaba que dado el éxito inicial se podía repetir la experiencia algún día. Yo quería seguir soñando en un futuro de camaradería y alianza fraternal, allí o en cualquier otro lugar siempre con el reto de las montañas.
Mauricio retrocedió para encontrar y marcarle el paso a Maclyn que había iniciado el ascenso de la dirección opuesta. El resto seguimos nuestro andar a veces competitivo por las bondadosas sinuosidades de las crestas de los cerros y prominencias que nos ofrecían vista al horizonte donde otra formas curvas se alejaban en la parte más profunda del panorama.
Me tocó dar la cara por el grupo y reventar a una pareja de párvulos que se ofrecieron para ser victimas del depredador de Caldirola. Lo más difícil era acelerar y pasar en el instante preciso cuando los camiones que fumigaban monóxido de carbono no nos rociaran.
Así llegamos hasta el final del vía donde el bloqueo nos impedía seguir. De regreso nos posamos en los miradores de ambos lados de la vereda florida. Incrementamos la evidencia gráfica de nuestro voluntad y respeto mutuo.
Nos reagrupamos en varias ocasiones y llenos de excitación proseguimos el regreso. Al volver a la cima que albergaba el centro de información y las caminaderas del parque encontramops que DGCQ y Maurice se habían llegado hasta la cúspide de esa primera colina y de nuevo en una acción concertada dejamos llenar las tarjetas de memorias, justo con eso.